Preparar Cataplasma Casero con Plantas Medicinales como Aplicarla

Cataplasma Casero con Plantas Medicinales

Las cataplasmas son pastas espesas y húmedas, de componentes muy variables, que se aplican a un punto determinado del cuerpo.
Producen afluencia de sangre en la región a la que se aplican descongestionando las zonas afectadas por una inflamación o una
acumulación de pus. Las cataplasmas calientes tienden a ablandar la piel, cuyos poros se dilatan y absorben, por osmosis, los principios terapéuticos incorporados. Pueden actuar directamente en casos de afecciones externas (en￾fermedades de la piel), pero también en internas hasta alcanzar órganos como los pulmones y la vejiga. En general, cabe dividirlas en:
— Revulsivas, cuando calman una inflamación.
— Madurativas, cuando aceleran la maduración de abscesos, furúnculos o panadizos.

Cómo preparar el Cataplasma


Para elaborar la pasta de la cataplasma, se mezclan con leche, agua, vino, aceite o ciertas decocciones astringentes o tónicas, harina de linaza, de mostaza, de centeno, de salvado o de arroz, fécula de patata, miga de
pan, raíces u hojas de plantas, y arcilla. A veces, se agregan también tinturas, aromatizantes o ungüentos. Por extensión, se llama también cataplasma a toda aplicación espesa de materias naturales y no diluidas, por ejemplo los cataplasmas de zanahoria o patata ralladas, de hojas de col, etc.

Algunos ejemplos de Cataplasma


Para aliviar el dolor y acelerar la maduración de un absceso, un furúnculo o un panadizo, se confecciona una cataplasma con harina de linaza diluida en agua fría y después espesada por el calor (se aplica caliente); también cabe mezclar bulbos o pétalos de lirio blanco cocidos en leche o agua (aplicación tibia). En caso de anginas, son recomendables las cataplasmas de arcilla o de cebollas cocidas y reducidas a puré (aplicación caliente).

Como aplicarlas


Los ejemplos anteriores han permitido constatar que ciertas cataplasmas se preparan en frío y otras a ciertas temperaturas; así mismo, unas se aplican frías y otras calientes. En todos los casos, la pasta de la mezcla debe ser extendida sobre una tela fina y limpia, preferentemente muselina. Procure que sea lo suficientemente grande y doble los bordes para que la pasta no se extienda en exceso. Cuando se trata de cataplasmas calientes, para impedir la evaporación y para mantener el calor, recubra la cataplasma, una vez aplicada, con un envoltorio impermeable y, a ser posible, manténgala en su lugar con un vendaje elástico y ligero, sin apretar con exceso. Es difícil prescribir la duración de la aplicación de una cataplasma; según algunos, hay que suspenderla cuando la piel se enrojece, pero hay muchas epidermis en las que el enrojecimiento aparece más tarde. La única indicación válida es la que pueda aportar el propio paciente.
Una vez retirada la cataplasma, lave la piel con un poco de algodón empapado en agua tibia; si la irritación es viva, aplique una tela fina con un poco de cerato. En los casos excepcionales de vesicación (quemadura con ampollas), espere la desecación natural de éstas sin tocarlas. Se producirá a
los pocos días.

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